La guía práctica de cafës solo y con leche

La guía práctica de cafës solo y con leche

En España pedir café suele ser sencillo. Solo o con leche. Así, sin más. Da igual si es por la mañana, después de comer o en una pausa rápida. Esa forma de pedir café está tan integrada que apenas reparamos en ella: pedimos, nos sirven y seguimos con el día.

Cuando entramos en el mundo del café de especialidad, esa manera de pedir café se queda corta. Aquí no se habla de etiquetas genéricas, sino de recetas concretas. Incluso cuando alguien pide un café solo, en realidad está eligiendo una forma específica de prepararlo. Y con el café con leche ocurre lo mismo: la proporción, la textura y la cantidad cambian de forma clara lo que llega a la taza.

Antes de entrar en esas recetas, conviene aclarar de qué café hablamos. Se considera café de especialidad aquel que ha sido evaluado y certificado por Q Graders, catadores profesionales acreditados por la Specialty Coffee Association (SCA), y que ha obtenido más de 80 puntos sobre 100 en cata. Si un café no ha pasado por este proceso de evaluación, no se considera café de especialidad, independientemente de cómo se presente o se comunique.

Con este contexto claro, en este artículo explicamos las distintas versiones que hay detrás del café “solo” y del café “con leche”, trasladando esa expresión cotidiana a las recetas que se utilizan en el café de especialidad, con sus proporciones y matices.

El café “solo”: cuando el cafë es la receta

Aunque pueda parecer la opción más simple, el café solo también se prepara de formas distintas. Cambia la cantidad de agua, el tiempo de extracción y la sensación final en boca. No todos los “solos” se parecen entre sí.

Ristretto

El ristretto es una extracción más corta que la del espresso, pensada para concentrar sabor y textura.

  • Café: 18–20 g de café molido
  • Agua: 20–25 ml en taza
  • Leche: —
  • Espuma: —
  • Crema: densa y persistente
  • Taza: 60 ml

Es una receta intensa y compacta, con sensación más concentrada.

Espresso

Espresso

Aunque se llame "solo", en el café de especialidad la técnica cambia radicalmente respecto a la cafetería tradicional.

  • Café: 18–20 g en el portafiltros (se usa la técnica del split para sacar 2 tazas)
  • Agua: 18–22 ml en taza (aprox. la mitad de la extracción total)
  • Leche: —
  • Espuma: —
  • Crema: equilibrada
  • Taza: 60–90 ml

Para conseguir un espresso sencillo no se usa un filtro pequeño de 7 g, como ocurre en muchas cafeterías tradicionales, ya que eso obligaría a dejar pasar demasiada agua para llenar la taza, dando lugar a una sobreextracción y a sabores amargos y aguados.

En especialidad, se usa siempre el filtro doble (18-20 g) para garantizar una extracción perfecta y se divide la caída en dos tazas (técnica del split). Así, tu café tiene la intensidad y textura del filtro doble, pero en la cantidad de un sencillo.

Doble espresso

Doble espresso

Un doble espresso equivale a los dos espressos que se obtienen mediante split, servidos juntos en una sola taza. En la práctica, hoy en día suele coincidir con el espresso estándar de especialidad.

  • Café: 18–20 g de café molido
  • Agua: 40–60 ml en taza
  • Leche: —
  • Espuma: —
  • Crema: presente
  • Taza: 120 ml

El doble espresso real consiste en usar la carga estándar de especialidad (18-20 g) y, en lugar de repartirla en dos tazas (split), dejar caer todo el café en una sola. Es la bebida que mejor expresa el perfil del grano: mucha intensidad táctil y una explosión de sabor.

Lungo

El lungo se obtiene dejando pasar más agua durante la extracción.

  • Café: 18–20 g de café molido
  • Agua: 70–90 ml en taza
  • Leche: —
  • Espuma: —
  • Crema: más fina
  • Taza: 120 ml

El resultado es un café menos concentrado, con otro tipo de equilibrio.

Americano

En este caso, el agua se añade después de extraer el espresso.

  • Café: 1 espresso (30–40 ml)
  • Agua: 90–120 ml añadida
  • Leche: —
  • Espuma: —
  • Crema: muy ligera o inexistente
  • Taza: 180–200 ml

Permite alargar la bebida sin sobreextraer el café.

El cafë “con leche”: proporciones que cambian la experiencia

En las bebidas con leche, el elemento clave es cuánta leche acompaña al café. Esa cantidad modifica, sobre todo, la textura y la intensidad. Por ello, agruparlas todas bajo la etiqueta “con leche” no refleja el abanico de posibilidades que existe.

Macchiato

Un espresso al que se añade una pequeña cantidad de leche, lo justo para suavizar ligeramente el perfil sin perder el carácter del café.

  • Café: 1 espresso (30–40 ml)
  • Agua: la propia de la extracción
  • Leche: 5–10 ml
  • Espuma: ligera
  • Crema: visible
  • Taza: 60–90 ml

El café sigue siendo claramente dominante.

Cortado

Una receta muy habitual en España, pensada para equilibrar el café con una cantidad moderada de leche, sin que ninguno de los dos domine claramente.

  • Café: 1 espresso (30–40 ml)
  • Agua: la propia de la extracción
  • Leche: 20–30 ml
  • Espuma: mínima o inexistente
  • Crema: parcialmente integrada
  • Taza: 120 ml

Mantiene equilibrio sin ocultar el café.

Cappuccino

Una receta clásica que combina café, leche caliente y una capa de espuma.

  • Café: 1 espresso (30–40 ml)
  • Agua: la propia de la extracción
  • Leche: 60–80 ml
  • Espuma: 1–2 cm
  • Crema: integrada
  • Taza: 150–180 ml

El resultado es una bebida con capas visibles, que se perciben de forma diferenciada en la taza.

Flat white

Flat white

Una receta con leche en la que la proporción de café es mayor que en un latte, acompañada de leche texturizada y una capa de espuma muy fina, integrada en la bebida.

  • Café: doble espresso (50–60 ml)
  • Agua: la propia de la extracción
  • Leche: 90–110 ml
  • Espuma: muy fina
  • Crema: integrada
  • Taza: 160–180 ml

Funciona bien cuando se busca intensidad con leche.

Latte

Una preparación en la que la leche es claramente mayoritaria y el café actúa como base, dando lugar a una bebida más suave y de mayor volumen.

  • Café: 1 espresso (30–40 ml)
  • Agua: la propia de la extracción
  • Leche: 150–180 ml
  • Espuma: fina y uniforme
  • Crema: diluida
  • Taza: 250–300 ml

Es una bebida más suave, pensada para beber despacio. Por proporción, tamaño y textura, es la receta más cercana al café con leche habitual en España.

¿Cómo encajan estas recetas en el cafë de especialidad?

El café de especialidad no marca una única forma de tomar café. Funciona bien en recetas simples, tanto solo como con leche, siempre que la base sea buena y el tueste esté bien trabajado.

Cuando el café tiene calidad, las proporciones no lo tapan, lo expresan de otra manera. Entender las recetas ayuda a elegir mejor y a ajustar expectativas, sin necesidad de complicarse.

También aclara una idea habitual: el café de especialidad no está pensado únicamente para tomarse solo. Muchas recetas con leche funcionan especialmente bien cuando el café está bien seleccionado.

Para terminar

Seguimos pidiendo café “solo” o “con leche”, y no hay nada de malo en ello. Es parte del hábito y del lenguaje cotidiano. Pero cuando entendemos qué receta hay detrás de cada pedido, la experiencia gana matices.

No se trata de cambiar costumbres, sino de comprender mejor lo que bebemos. El café es el mismo; lo que cambia es el conocimiento con el que lo tomamos.

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